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Cada vez es más frecuente que nos intenten colar una foto falsa a través de Facebook, Twitter o WhatsApp. Algunas cuentan historias que nunca ocurrieron, como el día que John Lennon tocó la guitarra con el Che Guevara. Otras están sacadas de contexto para ilustrar una noticia que en realidad no sucedió.
Afortunadamente, lo que Internet te da, Internet te lo quita. En este caso no solo nos da el poder de engañar a la gente a través de las redes sociales, también nos da las herramientas necesarias para dejar en evidencia a esos embusteros. Te proponemos una serie de servicios y consejos para descubrir si esa imagen sospechosa que has visto por ahí es un montaje o no cuenta toda la verdad.

Realiza una búsqueda inversa de la imagen

Cuando ocurre una desgracia, Twitter suele premiar la inmediatez de la información antes que su veracidad. Por ejemplo, tras la noticia del sismo en Italia que mató a 281 personas, a la gente le dio por compartir esta foto de una iglesia que se había venido abajo. La imagen es de los terremotos de 2012 en Emilia-Romaña, pero ha vuelto a ser noticia haciéndose pasar por actual.
Una búsqueda inversa de la foto te ofrece el contexto en el que se publicó por primera vez. También sirve para descubrir si estás ante una versión manipulada de la imagen original, siempre que esta no esté demasiado cambiada.

Cómo hacer búsquedas inversas con Google

Hacer una búsqueda inversa en Google Imágenes es absurdamente fácil si usas Chrome: solo tienes que hacer clic con el botón derecho del ratón sobre la foto que vas a buscar y seleccionar “Buscar imagen en Google”. Puedes hacer lo mismo en Firefox si instalas la extensión de búsquedas por imagen de Google.

Para buscar una imagen desde otro navegador o con una foto que tengas descargada en local, ve a la página principal de Google Imágenes, haz clic sobre “Buscar por imagen” (el icono de la cámara) y arrastra la imagen o su URL.
Si estás en Android o iOS, descarga la aplicación de Chrome, abre la imagen en grande dentro del navegador, mantén el dedo sobre la foto durante un par de segundos y toca en “Buscar esta imagen en Google”. Desde cualquier otro navegador móvil, puedes cargar la versión de escritorio de Google Imágenes.

Cómo hacer búsquedas inversas con TinEye

TinEye es una conocida alternativa a Google Imágenes para realizar búsquedas inversas. La gran ventaja que tiene es que es capaz de detectar los montajes de Photoshop que se han hecho a partir de una misma imagen y mostrarte los resultados más cambiados respecto a la foto original. Por lo demás funciona exactamente igual que Google, pero puede arrojar resultados distintos.
Para realizar una búsqueda a partir de una foto, ve al buscador de TinEye y sube la imagen o copia su URL. También puedes instalar la extensión de TinEye en Firefox, Chrome, Safari, Internet Explorer y Opera para que aparezca un botón “Buscar imagen en TinEye” cuando hagas clic derecho sobre cualquier foto.

Ordena las imágenes por fechas para detectar el fake

Tanto Google Imágenes como TinEye permiten ordenar los resultados por fechas (“Fecha” > “Intervalo personalizado” en Google o “Sort by” > “Oldest” en TinEye). Si una foto que circula en las redes sociales como noticia se hizo en realidad en 2012, la búsqueda inversa es la manera más sencilla de comprobarlo.

Revisa los metadatos de la foto

Tanto las fotos como los vídeos que se toman con una cámara digital llevan asociados unos metadatos definidos por el estándar Exif, Exchangeable image file format. Estas etiquetas incluyen todo tipo de información sobre la imagen, como la cámara utilizada, la fecha y la hora de la captura, la configuración de la toma (apertura, velocidad del obturador, distancia focal...), la geolocalización (en el caso de un smartphone o una cámara con GPS) y los derechos de autor.

Jeffrey’s Exif Viewer

Tanto el explorador de archivos de Windows como Finder en Mac permiten visualizar el Exif de las imágenes con un clic derecho. En Windows hay que seleccionar “Propiedades” y luego “Detalles”, y en macOS “Obtener información” y “Más información”. Si prefieres hacerlo a través de la web, puedes utilizar Jeffrey’s Exif Viewer, que te permite subir una imagen desde el disco duro o introducir la URL de una foto que hayas visto en Internet.
Revisar el Exif puede ser muy útil para saber dónde, cuándo y cómo se hizo la foto, pero hay que tener en cuenta que los servidores de Facebook, Instagram, Twitter y muchos otros servicios eliminan los metadatos de las imágenes antes de publicarlos en la plataforma. Otros como Flickr y WhatsApp los mantienen.

YouTube DataViewer

Los vídeos de YouTube también llevan asociados ciertos metadatos que no son fácilmente accesibles desde su página web. Amnistía Internacional tiene una herramienta web muy sencilla llamada YouTube DataViewer que te devuelve, al introducir la URL de un vídeo de YouTube, la fecha y la hora a la que fue subido, todas las miniaturas (thumbnails) asociadas al vídeo y las referencias (enlaces) que hay en Twitter, Facebook y otras páginas.
Una búsqueda inversa de las miniaturas te permitirá descubrir si ese mismo vídeo había sido subido con anterioridad a YouTube, y las referencias en redes sociales te ayudarán a averiguar quién lo compartió en primer lugar.

Haz un análisis forense del JPEG

JPEG es un estándar de compresión; es decir, todas las imágenes JPEG están comprimidas para ocupar menos espacio. Cada vez que compartimos un JPEG en Internet, la imagen se vuelve a comprimir. La compresión causa desperfectos (artefactos) que normalmente se distribuyen de forma homogénea por toda la imagen. Si la foto ha sido modificada con Photoshop o una herramienta similar, pueden producirse diferencias en el nivel de compresión de algunas zonas.
Si esto ocurre, un análisis forense de la imagen dejará al descubierto el engaño. Existen herramientas automatizadas que ayudan a analizar el nivel de error de una imagen para descubrir superficies, texturas y bordes con diferencias de contraste que no encajan muy bien con el resto de la foto.
FotoForensics te permite subir una foto o introducir la URL de una imagen sospechosa para resaltar las áreas donde se han detectado disparidades, lo que sugiere que ha habido una alteración. También ofrece una serie de opciones para compartir tu análisis forense en redes sociales y quedar como un CSI. Una alternativa más completa, aunque todavía en fase beta, es Forensically.

Indaga en otros motores de búsqueda

Si nada de lo anterior funciona, es hora de ponerse el sombrero de Sherlock Holmes. Pero recuerda que Google no es el único buscador del que puedes echar mano. El archivo de Twitter, por ejemplo, está inmediatamente disponible a través de su buscador. Solo tienes que aprenderte algunos operadores para realizar búsquedas más específicas, como estos:
  • Uso de comillas: Las búsquedas entre comillas, como “agresión en Madrid”, devuelven tuits que dicen textualmente esa frase
  • El operador O: Las búsquedas con “O”, como “manifestación O protesta”, devolverán resultados con una u otra palabra.
  • El operador -: La búsqueda “buenos -días” mostrará los tuits que contengan “buenos”, pero no lleven la palabra “días”.
  • Filtro por fechas: “policía since:2010-12-27” mostrará los tuits que contengan la palabra “policía” desde esa fecha. “policía until:2010-12-27”, mostrará los tuits anteriores a esa fecha.
  • Adjuntos: “es falso filter:links” mostrará los tuits que contengan “es falso” y al mismo tiempo vayan asociados a un enlace. Lo mismo con “filter:images” para imágenes o “filter:videos” para vídeos.
  • Geolocalización: Si a la búsqueda “manifestación” añades “near: Bogotá”, te mostrará los tuits localizados en la capital de Colombia.
  • Los smileys: Una búsqueda seguida de “:(” mostrará los tuits con una actitud negativa. Ocurrirá lo contrario si añades “:)”
  • “From” y “to”: La búsqueda “from:GizmodoES fake” devolverá todos los tuits que contengan la palabra fake en la cuenta de Gizmodo en Español. Si cambias “from” por “to”, buscará los mensajes enviados a Gizmodo.
Otro buscador que solemos olvidar, y eso que sabe muchas cosas que Google no, es WolframAlpha. ¿Alguien ha compartido una supuesta foto de una manifestación en Venezuela y el cielo aparece nublado? Abre Wolfram y pregúntale por el tiempo en Caracas de aquel día, a esa hora. Si el buscador dice que estaba despejado y que el termómetro marcaba 30º C, te puedes preguntar, por ejemplo, por qué la gente iba abrigada. Lo mismo para las fotos donde llueve o hace viento; incluso para ver la fase de la luna o a qué hora se puso el sol.
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Durante décadas, HAARP ha sido uno de los objetivos favoritos entre los entusiastas de las teorías de la conspiración. La estación de investigación en Alaska ha sido acusada de controlar el clima, de provocar huracanes, de derribar el transbordador Columbia y hasta de controlar la mente. El 27 de agosto celebra una jornada de puertas abiertas.
Lo cierto es que el hecho de que HAARP tuviera origen militar (era un proyecto conjunto entre la fuerza aérea y la marina estadounidenses junto a la Universidad de Alaska y la DARPA) fue el caldo de cultivo perfecto para la paranoia. Si a ello añadimos que la instalación está en una zona remota y que tiene 180 antenas de aspecto ominoso en su patio trasero tenemos todos los ingredientes para que los amantes de las conspiraciones pongan el grito en el cielo.
Los científicos que gestionan actualmente HAARP hacen lo posible para dar a conocer sus actividades al público. Cada año celebran una jornada de puertas abiertas y hasta cursos de verano para los más pequeños. La nueva jornada tendrá lugar el 27 de agosto.
“Esperamos que los visitantes sean capaces de apreciar la ciencia que hay detrás de HAARP. Queremos mostrar a la gente que la instalación no es capaz de controlar la mente ni de manipular el clima ni todas las otras cosas de las que ha sido acusada.”Explica un portavoz de la Universidad de Alaska a Alaska Dispatch News.
El Ionospheric Research Instrument (IRI) del HAARP. Foto: Wikimedia Commons.
Invitar a alguien que cree que una máquina puede controlar su mente a visitar esa misma máquina no parece la mejor de las ideas, pero los promotores de la visita guiada confían en que el evento ayude a explicar en qué consiste la investigación en HAARP. ¿Y en qué consiste esa investigación? Pues en estudiar la ionosfera. La retícula de antenas que tanto asusta a los amantes de los sombreros de papel de aluminio sirven para emitir potentes señales de radio de alta frecuencia a la ionosfera.
Las señales, que no son muy diferentes al viento solar, aunque mucho menos potentes, excitan los átomos de esta capa entre la magnetosfera y nuestra propia atmósfera y una batería de sensores y cámaras estudian el resultado. ¿Por qué tomarse tantas molestias en estudiar la ionosfera? Pues porque es una región de nuestro planeta especialmente difícil de estudiar (el aire es demasiado tenue como para enviar globos sonda) y porque es la capa donde rebotan nuestras señales de radio.
El folleto promocional para visitar el HAARP. Imagen: Universidad de Alaska.
Estudiar la ionosfera era crucial para los militares porque ha servido para entender mejor su funcionamiento y mejorar los sistemas de comunicaciones. Un aburrimiento vaya. Es mucho más divertido pensar que usan esas ondas para cambiar el clima o para controlar la mente como postula el exgovernador de Minnesotta y antiguo luchador de wrestling Jesse Ventura.
La jornada de puertas abiertas del HAARP es especialmente importante este año porque la Universidad de Alaska planea alquilar la instalación para todo el que quiera usarla para sus proyectos científicos. La fuerza aérea estadounidense dio por concluidos sus estudios en verano de 2014 y la idea original era desmantelar la instalación, pero finalmente ha pasado a ser gestionada por la Universidad. Si eres un reptiliano masón extraterrestre y tienes algún proyecto de fin de semana para controlar la mente pero te faltan antenas, es hora de ponerlo en marcha. No hacen sacrificios humanos, como en el CERN, pero ¡hey! ofrecen barbacoa. ¯\_(ツ)_/¯ [Alaska Dispatch News víaMetafilter]
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Irritación, fatiga, problemas de sueño, enrojecimiento de la piel, náuseas... y hasta cáncer. Los colectivos antiantenas lo llaman hipersensibilidad electromagnética o EHS, y es la base de una de las patrañas pseudocientíficas más elaboradas y persistentes de los últimos años: la de que las antenas de telefonía perjudican la salud.
No importa que los supuestos síntomas causados por las antenas de telefonía no tenga un cuadro clínico definido, ni que no exista ningún estudio científico serio que haya logrado vincularlos a los campos electromagnéticos (CEM) generados por las antenas GSM. Por suerte para quienes les gustan quemar en la hoguera cualquier tecnología que no entienden bien, Internet está lleno deestudios abiertos a la interpretación y páginas que no dudan en alentar la psicosis por hipersensibilidad electromagnética.

El origen del mal

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Parte de la confusión la causó la propia Organización Mundial de la Salud, la OMS, que publicó una primera nota informativa hace ya diez años en la que reconocía que había personas que aseguraban estar sufriendo diferentes síntomas que asociaban con los campos electromagnéticos. En esa nota (texto completo en español aquí) se decía lo siguiente:
La EHS se caracteriza por una diversidad de síntomas no específicos, los cuales las personas afligidas atribuyen a la exposición a los campos electromagnéticos. [...] El conjunto de síntomas no es parte de ningún síndrome reconocido.
Existen también algunas indicaciones de que estos síntomas podrían ser debidos a condiciones psiquiátricas preexistentes, así como a reacciones de estrés como resultado de la preocupación acerca de los efectos en la salud de los campos electromagnéticos, más que la exposición a ellos en si misma.
La EHS se caracteriza por una variedad de síntomas no específicos que difieren de persona a persona. Los síntomas son ciertamente reales y pueden variar ampliamente en la severidad. Cualquiera sea su causa, la EHS puede ser un problema de incapacidad para la persona afectada. La EHS no tiene criterios de diagnóstico claros y no existe una base científica para vincular los síntomas de EHS con la exposición a campos electromagnéticos. Además, la EHS no es un diagnóstico médico ni es claro que represente un único problema médico.
Pese a sembrar la duda, la OMS reconoció hace ya 10 años que no hay causa médica probada, tan solo un conjunto de síntomas reales sin diagnóstico claro. Aún así, esta primera nota ha sido utilizada por muchos como un reconocimiento por parte de la OMS de que la EHS tiene alguna base científica.

De la irritación al cáncer

Una cosa es que las antenas de telefonía provoquen irritación, fatiga, problemas de sueño, y otra muy distinta que sean la causa de una de las enfermedades más temidas de la actualidad: el cáncer. Para empeorar las cosas, la OMS volvió a meter la pata en 2011. En un documento que ha hecho más mal que bien, la organización decidió incluir las ondas electromagnéticas en el grupo 2B de sustancias o factores ambientales que podrían ser causa de cáncer.
¿Qué quiere decir esto? Pues que los científicos de la OMS han recomendado mantener vigiladas las ondas electromagnéticas por si efectivamente acaba por demostrarse que provocan cáncer, algo que aún no se ha logrado demostrar todavía. En el documento, los 31 científicos firmantes reconocen que:
Las pruebas fueron revisadas críticamente y en general evaluadas como limitadas entre los usuarios de teléfonos celulares para el glioma y el neuroma acústico, e inadecuadas para llegar a conclusiones para otros tipos de cánceres.
Por pruebas limitadas de carcinogenicidad, el propio documento entiende lo siguiente: “se ha observado una asociación positiva entre la exposición al agente y el cáncer, para la cual el Grupo de Trabajo considera creíble una interpretación causal, aunque no puede descartar con seguridad razonable el azar, el sesgo o la confusión”.
En cuanto al significado de pruebas inadecuadas de carcinogenicidad, la OMS explica que “los estudios disponibles son de insuficiente calidad, consistencia o potencia estadística como para permitir llegar a una conclusión respecto a la presencia o ausencia de una asociación causal entre la exposición y el cáncer, o no hay datos disponibles sobre el cáncer en los seres humanos”. Es decir, no se puede concluir absolutamente nada sobre el impacto de las ondas electromagnéticas generadas por las antenas de telefonía y una enfermedad como el cáncer.
La Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) tiene muy clara su postura. En declaraciones remitidas a la revista Gizmodo en Español asegura que no hay teorías fundamentadas ni resultados concluyentes:
Ante la falta de resultados concluyentes en los estudios realizados hasta la fecha, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC), como interlocutor responsable con la sociedad, no puede alarmar ni magnificar teorías no fundamentadas en una buena base científica.
En el caso de que estas teorías se confirmasen y finalmente se demostrara que los CEM son causa directa del desarrollo del cáncer, la AECC no dudará en alertar sobre este tema, y promoverá todas aquellas acciones que considere oportunas para proteger la salud de la población.
De igual manera se pronuncia la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM). En declaraciones a la revista Gizmodo en Español, la SEOM se ha mostrado tajante:
No hay ninguna prueba científica fehaciente de que las señales débiles de radiofrecuencia tengan efectos adversos en la salud.

Tipos de radiación

Llegamos a la actualidad. Basta hacer una simple búsqueda en Google por “antenas de telefonía” o “antenas celulares y cáncer” para obtener decenas de artículos en los que se asegura que las antenas de telefonía y los móviles sí son peligrosos para la salud. Uno de los documentos de referencia más extendidos para justificar la histeria colectiva en torno a las antenas es un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Warwick de Gran Bretaña y elInstituto Internacional de Biofísica Neuss-Holzheim, Alemania. El informe alertaba sobre los posibles efectos nocivos (térmicos) de la radiación no ionizante que emiten las antenas de telefonía.
En enero de este mismo año, la revista Forbes se hacía eco de un estudiopublicado en la revista Journal of Microscopy and Ultrastructure en el que se decía que la radiación de microondas afecta en mayor medida a los niños de corta edad ya que sus tejidos absorben más radiación.
¿Preocupante? ¿Cierto?
Aquí hay que comenzar distinguiendo entre radiación ionizante (la que es capaz de ionizar un átomo y arrancarle un electrón o provocar mutaciones en el ADN) y no ionizante. Al primer grupo pertenecen los rayos X o los rayos gamma y algunos tipos de radiación ultravioleta. Someterse a este tipo de radiación en altas dosis o durante largos períodos sí está demostrado que puede llegar a causar cáncer.
El segundo tipo de radiaciones son las no ionizantes. Como su propio nombre indica, no son capaces de ionizar átomos. Los routers WiFi, los teléfonos móviles o las antenas de telefonía emiten este tipo de energía. Descartado el efecto carcinógeno de estas últimas, sí que existe un cierto efecto térmico derivado de su frecuencia que, al hacer oscilar las moléculas de agua, incrementan su temperatura. Es el mismo principio que calienta la comida en el microondas y, efectivamente, no parece muy buena idea vivir rodeados de esas ondas. Sin embargo, su intensidad es tan baja que ninguno de los estudios ha confirmado que tengan el más mínimo efecto sobre el ser humano. De nuevo la OMS, en un amplio documento sobre campos magnéticos (texto completo en español aquí) dice:
En los últimos 30 años, se han publicado aproximadamente 25.000 artículos sobre los efectos biológicos y aplicaciones médicas de la radiación no ionizante. A pesar de que algunas personas piensan que se necesitan más investigaciones, los conocimientos científicos en este campo son ahora más amplios que los correspondientes a la mayoría de los productos químicos. Basándose en una revisión profunda de las publicaciones científicas, la OMS concluyó que los resultados existentes no confirman que la exposición a campos electromagnéticos de baja intensidad produzca ninguna consecuencia para la salud. Sin embargo, los conocimientos sobre los efectos biológicos presentan algunas lagunas que requieren más investigaciones.
Algunas personas han atribuido un conjunto difuso de síntomas a la exposición de baja intensidad a campos electromagnéticos en el hogar. Los síntomas notificados incluyen dolores de cabeza, ansiedad, suicidios y depresiones, nauseas, fatiga y pérdida de la libido. Hasta la fecha, las pruebas científicas no apoyan la existencia de una relación entre estos síntomas y la exposición a campos electromagnéticos. Al menos algunos de estos problemas sanitarios pueden deberse al ruido o a otros factores del medio, o a la ansiedad relacionada con la presencia de tecnologías nuevas.
En resumen: 25.000 estudios y ninguno ha encontrado nada.
De manera similar se pronuncia un amplio estudio médico realizado por elServicio Vasco de Salud (Osakidetza) en el que se pasa revista a todas las fuentes de radiación en el hogar, desde los router WiFi a las antenas de telefonía y hasta lo secadores de pelo. No hay datos concluyentes que vinculen la exposición a estos campos electromagnéticos con dolencias como el cáncer ni de otro tipo que no estén en la cabeza del enfermo.

Sin resultados concluyentes

En octubre de 2014, la Organización Mundial de la Salud emitió una nueva nota informativa sobre salud y campos electromagnéticos producidos por la telefonía móvil (texto completo en español aquí) en la que se lee:
Los móviles se comunican entre sí emitiendo ondas de radio a través de una red de antenas fijas denominadas «estaciones base». Las ondas de radiofrecuencia son campos electromagnéticos pero, a diferencia de las radiaciones ionizantes, como los rayos X o gamma, no pueden escindir los enlaces químicos ni causar ionización en el cuerpo humano.
En los dos últimos decenios se ha realizado un gran número de estudios para determinar si los teléfonos móviles pueden plantear riesgos para la salud. Hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud. En 2016, la OMS realizará una evaluación formal de los riesgos a partir de todos los resultados de salud estudiados en relación con campos de radiofrecuencias.
Podríamos seguir analizando estudios y declaraciones de médicos, oncólogos y físicos, pero el resultado sería el mismo: a día de hoy no hay ninguna evidencia científica que concluya que las ondas emitidas por las antenas de telefonía dañan tu salud.
Quizá en 2016 la OMS ofrezca más datos o descarte los actuales. De momento, y ateniéndonos a la física actual, la hipersensibilidad electromagnética es como la posesión satánica o el vudú, una cuestión de fe.